Cuento/En búsqueda de la tristeza/ Dr. Enrique caballero

Bajo un aguacero incesante, en medio de la bruma de neón de una ciudad insomne, caminaba una figura solitaria.

Un robot, enfundado en impermeables amarillos, sosteniendo un paraguas; un anacronismo en un mundo donde lo sintético no necesita debilidades humanas como el calor o lo seco.

Cada paso, un eco calculado sobre el asfalto mojado mientras vagaba, buscaba. Su misión era simple, pero inalcanzable: comprender la inclinación humana por la melancolía.

Esa noche, simuló el ritual de una caminata empapada por la lluvia, con la esperanza de calcular la elusiva ecuación de la emoción.

Sin embargo, todo lo que pudo captar fue la fría lógica de su corazón insensible. Desesperado, se dio cuenta de que jamás sería humano, despreció su perfección cibernética y se conformó con su eficiencia y su asombrosa capacidad de análisis.

Y entonces, de improviso, sobrevino la magia, entonces, *sintió* tristeza.

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