La comunidad cultural de Acapulco llama a rescatar la obra del escultor húngaro Pal kepenyes «Pueblo del Sol’ /Dr. Enrique Caballero Peraza

La comunidad cultural de Acapulco llama a rescatar la obra del escultor húngaro Pal kepenyes
«Pueblo del Sol’

Dr. Enrique Caballero Peraza

Estimada comunidad acapulqueña,

Hoy nos reunimos con sentimientos encontrados de tristeza y gratitud para conmemorar el nonagésimo séptimo aniversario del natalicio del excepcional escultor húngaro-mexicano, Pal Kepenyes (OFFICIAL). Aunque han pasado ya tres años desde su partida el 28 de febrero de 2024, su legado perdura en nuestros corazones y se manifiesta en cada rincón de nuestra existencia.

Lamentablemente, nos embarga una profunda indignación al recordar la vandalización de la escultura «Pueblo del Sol», una obra emblemática que no solo encarnaba la belleza artística de Acapulco, sino también la esencia y la unidad de nuestra comunidad. Tras el devastador Huracán Otis, la escultura se desplomó, pero en lugar de ser tratada con el respeto que merecía, fue víctima de la brutalidad y la ignorancia.

Resulta doloroso imaginar que algo tan simbólico para nosotros, los amantes del arte en Acapulco, fue cortado, despedazado y vendido como simple metal. Es como si el David de Miguel Ángel se hubiera desmoronado y su mármol fuera utilizado para crear mesas. La magnitud de esta tragedia no puede pasarse por alto, y la pérdida de «Pueblo del Sol» se siente como una herida en el alma de Acapulco.

A pesar de ello, la glorieta Pal Kepenyes permanece ahí, vacía y mutilada. Sin embargo, hoy nos comprometemos a llenar ese espacio con la grandeza del arte que Pal Kepenyes nos legó. Aunque no podamos restaurar la obra original, en coordinación con nuestra querida Lumi Dehesa, colocaremos otra escultura monumental creada por Pal Kepenyes, en su honor. Una obra que, al igual que «Pueblo del Sol», represente la fuerza, la unidad y la belleza de nuestra ciudad y su gente.

En este momento, levantamos la voz en busca de justicia. Exigimos que el responsable de esta deplorable acción sea identificado y enfrente las consecuencias de sus acciones. La falta de respeto hacia el arte y la cultura no puede quedar impune. Demandamos que se le castigue ejemplarmente para que sirva como advertencia a aquellos que desprecian el valor de la creatividad y la expresión artística.

En el nonagésimo séptimo aniversario de Pal Kepenyes, recordamos con gratitud su contribución invaluable al enriquecimiento de nuestra ciudad con su arte.

Sigamos adelante con la determinación de preservar y apreciar nuestras obras culturales, honrando la memoria de quienes las crearon.

Que Acapulco continúe siendo un faro de luz, color y creatividad, resistiendo a las adversidades con la fortaleza que nos caracteriza como comunidad.

Con respeto y esperanza,

Enrique Caballero Peraza
Admirador de Pal Kepenyes (OFFICIAL)

Aprovecharé el espacio, para compartir mi texto, durante la conferencia en su honor, hace un año, el 21 de octubre de 2022.

Su excelencia Zoltan Németh
Excelentísimo Embajador de Hungría en México.
Maestra Patricia Kezsler.
Distinguida filóloga y esteta, representante de la Academia de Artes de Hungría.
Doctora María Teresa Favela Fierro.
Historiadora del Arte. Centro Nacional de Investigación, Documentación e información de artes plásticas, del Instituto Nacional de Bellas Artes.
Agradezco la presencia de las autoridades municipales del primer síndico procurador Miguel Jaimes Ramos en representación de la presidenta municipal de nuestro bello puerto, Abelina López Rodríguez.
Y la regidora Laura Caballero, aclaro no somos parientes, pero la estimación es grande, más que si lo fuéramos.
Agradeciendo al anfitrión, nuestro querido amigo y rector de la Universidad Americana de Acapulco, Dr. Mario Alejandro Mendoza Castañeda.
Y la última en mencionar y la primera en mi corazón.
Mi queridísima Lumi Dehesa Orozco de Kepenyes.
Me permito compartir unas líneas sobre nuestro homenajeado.

*Pal Kepenyes. El hombre, el amigo, el artista*
*Breve Réquiem en tres movimientos*
_Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que, impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra._
Pablo de Tarso. Epístola a los Romanos 13:7 (Honor a quien honor merece).
*Introitus*
*Andante con moto tempo*
Pal, como lo llamábamos sus amigos, Pali, como le decía con un amor entrañable su esposa Lumi, fue un escultor nacido en Hungría en 1926, en la ciudad de Kondoros, su padre era Terrateniente (propietario de 120 hectáreas) y ganadero, tuvo dos hermanos, el mayor falleció durante la 2ª. Guerra Mundial. Pal quien por muchos años fue el único sobreviviente, el 28 de febrero del año 2021, decidió partir.
Durante su estancia en nuestro país, con el paso del tiempo, decidió convertirse orgullosamente en ciudadano mexicano y radicó en Acapulco, por cinco décadas.
Regresemos en el tiempo, al final de la 2ª. Guerra Mundial, en ese entonces la presencia política y militar de los soviéticos, en Hungría se volvió opresiva. En los años cuarenta se formó el Partido Comunista Húngaro, con línea directa del Kremlin. El joven Pal, quien estudiaba en la Academia de Bellas Artes de Budapest, vivió el fraude electoral de 1948, donde los comunistas se hicieron con el poder. En 1949, a los 22 años de edad, fue expulsado de la Academia por su origen burgués. Siguió estudiando en círculos privados y empezó a formar parte de organizaciones artístico-políticas en contra del régimen comunista, el 10 de marzo de 1950 fue apresado por “Conjuración en contra de la seguridad del Estado” y condenado a diez años de prisión en una corte marcial sin que mediara defensa alguna. Era un joven de 23 años.
Estuvo realizando trabajos forzados, donde siguió creando arte, incluso moldeando el migajón del pan; creando pequeñas esculturas que después le servían de alimento.
Realizó un intento de fuga que no tuvo éxito y finalmente a la muerte de Stalin, el nuevo régimen disminuyó la presión sobre los presos políticos en los países satélites, lo que le permitió ser liberado de manera condicional en 1955 a la mitad de su condena.
El 23 de octubre de 1956, empezó la Revolución Húngara, de la cual estamos a dos días de conmemorar su sexagésimo sexto aniversario, y uno de los líderes fue Pal Kepenyes, en tres días los húngaros anti-comunistas tomaron control del gobierno y también de su propio destino.
La respuesta fue implacable, la noche del 3 de noviembre, más de 60,000 efectivos soviéticos y un mínimo de 2,000 tanques, retomaron Budapest, que fue a su vez, víctima del bombardeo de la fuerza aérea soviética.
Pal, convencido de que no habría esperanzas en su patria, con el válido temor de ser ejecutado, escapó utilizando una falsa identificación de la policía secreta, hacia Austria, donde solicitó asilo en la embajada de Francia.
En 1960, después de más de tres años de asilo en Francia, Pal Kepenyes llegó a México, donde siguió creando arte y sus célebres esculturas en miniatura.
El 13 de octubre de 1973, conoció en la zona rosa a Lumi Dehesa, el amor que surgió entre ambos fue instantáneo y se mantuvo hasta el último de sus días, siendo una pareja ejemplar.
Lumi nos comentó que ese mismo día, iba a ver la película Borsalino, el roce previo de los labios de Pal, logró eclipsar de su mente por completo la idea de Alain Delon, hasta la fecha no ha visto la película cumbre del admirado cineasta.
Lumi se llevó en sus dedos ese día un anillo forjado en hierro, como la corona de Carlomagno, con un ópalo rojo. Y en su corazón, la ilusión de empezar a construir una relación que durara por toda la vida.
Para algunos, nada es más hermoso sobre la tierra que un anillo de brillantes, con un solitario de varios kilates, la sonrisa de un infante, o un galeón con las venas hinchadas al viento, surcando el océano, un auto deportivo o una cuenta abultada en el banco.
Yo creo que Lumi y Pal, y me incluyo, siempre hemos pensado que no hay nada más bello que la persona amada. Tu pareja, ese alguien en quien confías y a quien te entregas. Aquel que te enseña que el amor no es tan solo un mito o una leyenda.
Pal, el escultor, pudo regresar triunfante a Hungría, la política cambió después de 1989, con la caída del muro de Berlín. Sus obras han sido expuestas en las grandes metrópolis del mundo. Ha tenido todos los reconocimientos de su país natal, como artista y como héroe nacional.
Su casa en Acapulco, es un museo por sí mismo. Pal, a quien le debemos una de las obras emblemáticas de Acapulco: “El pueblo del sol” que se encuentra en la entrada del Acapulco Diamante, era también un enfant terrible, como todo artista demandaba atención exclusiva, con su presencia él nos decía sin palabras: Aquí estoy yo. Disfruta mi grandeza. Y la verdad es que lo hacíamos. Sin más. Imposible dejar de hacerlo.
Pal era un lector voraz de diversas disciplinas y con su grupo de amigos con el que se reunió cada domingo, por años en “El Chaneque”, siguió intentando, como lo hizo en Hungría, hacer la diferencia y dejar su legado y no solamente el artístico. A Pal le interesaba la política activa, sobre todo estimular que surgiera una apropiada gobernanza en el terreno cultural y social. Siempre juzgó y analizó a los diferentes aspirantes a los cargos de elección popular sin apasionamiento y trataba de provocar a los cercanos a él, para que intentáramos ser parte de la búsqueda de un cambio con sentido humano.
Como todo genio, era capaz de generar nueve ideas diferentes en pocos minutos, algunas de ellas, tan ambiciosas, que parecían irrealizables, tal vez solo porque los pobres mortales nos encadenamos a nuestros propios límites.
Parafraseando a Jorge Luis Borges, de las diversas creaciones del ser humano, el más asombroso es el arte. Hay otras que son extensiones de su cuerpo. El microscopio y el telescopio son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz y hoy dispositivo indispensable en la intercomunicación; contamos con el arado y la espada, como extensiones del brazo, pero el arte… el arte es una extensión de la pasión y la imaginación.
Es imposible leer todo, como es imposible conocer y apreciar a fondo todo el arte, Pal era un escultor que, si hubiera vivido en la antigua Grecia, hubiera sido parte de los enkrithéntes, los que han superado la criba, los tamizados.
La palabra que utilizo, sugiere la metáfora rural del cedazo, que separa y distingue, el grano de la paja.
Ahora, en nuestros tiempos, hay artistas que debemos de conocer antes de morir. Pal es uno de ellos. Hablo en presente, porque Pal vive en su obra, para conocerlo, hay que disfrutar de su arte, hay que gozarlo, hay que enfrentarse con su a veces estrambótica visión de la belleza, con esculturas que cobran vida ante nuestras manos.
El arte y la verdadera creación, es aquello que sobrevive a la peor barbarie, aquello que sobrevive porque hay parte de nuestro ser en la obra y nos vemos en ella identificados.
Con la obra de Pal, he comprendido que hace falta amar a tus congéneres, para desnudar ante ellos lo que amas; para arriesgarte a ofrecer a veces a un grupo sin previo conocimiento artístico, tus auténticos entusiasmos, tus íntimos deseos, tus pensamientos propios, esa pasión desgarrada en el metal, o en el papel, que te emociona, sabiendo que podrías llegar a ser incomprendido. A Pal, nunca le importó eso.
Pal siguió trabajando, siempre creando, hasta sus 94 años, forjando el metal apasionadamente, con constancia, con entrega, con un férreo deseo de trascender; desde obras monumentales, esculturas miniaturas que se pueden portar y lo último y más espectacular, esculturas con movimiento que pueden adquirir al capricho de quien las tenga en sus manos, variadas formas, en ese momento el artista toca al espectador y le da parte de su gloria, al convertirlo también, mágicamente, por un breve momento, en artista también.
Nuestro amigo perteneció a la estirpe de aquellos que recorren el laberinto de la vida, sin perder nunca el hilo de la inspiración sublime. Un ser tan grande, que jamás navegará en el río del olvido.
Pal nos entregó tanto, hoy podemos seguir disfrutando de su obra y esperamos la pronta presentación del libro de Patrick Stin, el escritor hoy ya mexicano-francés, radicado en Acapulco, quien fuera periodista y corresponsal de guerra y un amigo tan cercano.
Desde aquí a dos días del aniversario de la insurrección de octubre, un saludo y mi admiración a nuestro Acapulqueño nacido en Hungría, Pal Kepenyes. Los que vamos a morir te saludan, tú jamás lo harás. ¡Vivirás por siempre!
*Poeticus*
*Adagio maestoso*
Con mucho cariño a Pal, le escribí un poema, para celebrar sus 94 años.

_*Pal Kepenyes*_

Abriste los ojos en tu Kondoros,
el veintiséis, un ocho de diciembre,
en la tierra de pinos y sicómoros,
en un mundo lleno de incertidumbre.

Tu libertad padeció encadenada.
Hubo tiempos y momentos violentos.
¡El alma inmortal no fue capturada!
Saliste a conquistar nuevos caminos.

Llegaste a México que hiciste tuyo.
Amaste a tu bella Lumi adorada.
Desafiaste arte, belleza y la forma.

Te enamoraste de nuestro Acapulco…
Y Acapulco se enamoró de ti.
Pal, somos egoístas, eres nuestro.

Un soneto. Catorce versos endecasílabos. Arte mayor.
Enrique Caballero Peraza.
8 de diciembre de 2020.

*Lacrimosa*
*Finale con brío*

28 de febrero de 2021.

Querido Pal Kepenyes:

Escribo estas líneas, aproximadamente a las dos horas de tu partida, no tienes idea de cómo extrañaré tu presencia física, aquí en nuestro mundo. No puedo decir que hoy emprendes el camino a la inmortalidad, porque ese ya lo habías alcanzado, desde hace mucho tiempo.

Tu don de gentes, tu grandeza, tu genialidad, te había garantizado a ti y a tu obra, un lugar entre los grandes. Hungría y México, Kondoros y Acapulco, llorarán por uno de sus hijos predilectos.

Recuerdo nuestras charlas en «El Chaneque», donde platicábamos, sobre todo, de arte, historia, política y cultura. Tu pasión por la lectura era sublime, así como tu defensa a la libertad de expresión, recuerdo una vez escucharte citar a Heinrich Heine, en Almanzor, quien, en 1821, fecha del nacimiento del imperio mexicano dijo: Ahí donde queman libros, acaban quemando personas.

Cierro los ojos y te recuerdo con tu mirada amable y esos brillantes ojos azules, muy vivos, inquisitivos, siempre curiosos. Te recuerdo creando, dibujando, plasmando en el papel, lo que después trasladarías al metal.

Me acuerdo un día cuando hablamos de la guerra y de von Clausewitz, así como de la batalla de Mohács, de 1526, y como estabas sorprendido que alguien que no fuera húngaro, tuviera un profundo conocimiento del tema. Te expliqué que ahí había estado uno de mis ancestros, tomando parte activa de la misma y que el tema de la batalla, era un capítulo de mi primera novela.

Morimos por imitación, decías, viviste largos y fructíferos años (94) el 8 de diciembre del 2021, hubieras cumplido los 95. Uno de los más grandes halagos, que he recibido, fue de tu parte, un día me dijiste, parafraseando a Óscar Wilde: eres un buen enemigo. Wilde escribió en la voz de mi tocayo Lord Henry Wotton: yo escojo a mis amigos por su belleza y a mis enemigos por su inteligencia.

También agradecí que hayas leído en una sola noche, de un tirón, mi primer libro de cuentos Historias para leer de noche y que después lo comentáramos ampliamente. Y claro, siempre aprecié todas las obras que me hiciste el favor de obsequiarme, piezas escultóricas que atesoro en casa y este anillo que porto siempre con orgullo, una escultura en miniatura que representa el amor.

Tu cultura, solamente rivalizaba con tu belleza como ser humano y tu capacidad de empatía.

Querido Pal, nos dejas huérfanos a muchos. Hay tanta gente que te quiso tanto, que te seguimos admirando y que aspiramos a ser un poco, como tú eras.

Hoy, ante tu transición, mis sentimientos fluyen hacia ti, al mismo tiempo que hacia nuestra amadísima y entrañable amiga, Lumi Dehesa de Kepenyes, tu esposa, cómplice, compañera, la mejor publirrelacionista que pudiste tener y quien cuidó de ti hasta el último de tus suspiros.

Escribo estas líneas, mientras varias lágrimas surcan mi rostro, y solo me queda darte las gracias, por todo lo que me diste, fuiste un grande, como grande es el cariño que guardo hacia ti en mi corazón.

Que tu cuerpo descanse en paz, mientras tu recuerdo recorre el universo como un cometa. Así fue tu vida, Pal, como un cuerpo celeste, como una estrella fugaz, impactante.

Quienes tuvimos la suerte de verte atravesar el infinito, pudimos admirar tu grandeza.

Te quiero. Iré en domingo, un momento tan solo, a nuestro lugar de encuentros. Tu presencia estará ahí.

Cerraré los ojos y te veré mientras caminas, con pasos enormes, dirigiéndote con rumbo hacia los confines del infinito, con las manos llenas de la semilla de tu propio ser, lanzándolas hacia las turbulencias espaciales, buscando encontrar los planetas escondidos.

Cierro esta participación, como la inicié, con una cita, esta vez de Diane Setterfield, una novelista inglesa contemporánea:

La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en las obras que crearon.

Reitero Pal. Vivirás por siempre.

Acapulco, Gro., 21 de octubre de 2022.
Enrique Caballero Peraza.

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